CAPÍTULO TRES — LA SECRETARIA PERFECTA - ULTIMA PARTE
Sin embargo, por la expresión de su rostro, meticulosamente maquillado, tampoco se había esperado verla llegar en aquel rugiente juguete negro italiano.
Levantó las cejas hasta la mitad de la frente mientras Pau enfilaba la entrada de coches y dejó caer las tijeras de podar con las que había estado cortando las últimas rosas.
- Querida, qué... impresionante – dijo, ciñéndose un poco más la bufanda en torno al cuello.
- Tengo mucha prisa – le contestó Sammie, cruzando a la carrera la puerta principal, que estaba abierta.
Había que reconocerlo, Anita ya había dejado encima de la cama dos trajes de chaqueta, más unos pantys negros transparentes, una recatada blusa blanca, una camisola de seda negra y un par de Manolos de infarto.
- Éstos no – dijo Pau con pesar, mirando el número y devolviéndole los divinos zapatos –, me quedarán demasiado grandes.
- A mí me aprietan, así que nunca se sabe.
Se desató las Nike y se quitó los calcetines y los vaqueros.
- Tienes unas feas marcas de calcetines alrededor de los tobillos – comentó Anita.
- Con un poco de suerte habrán desaparecido para cuando esté de vuelta – replicó, frotándose las enérgicamente -. Ni siquiera sé por qué hago esto, debo estar loca.
- Me has alegrado el día, eso seguro – le dijo su cuñada, indicándole los trajes de chaqueta -. Ése de ahí es una talla más pequeña.
- Entonces lo probaré primero – dijo Pau, poniéndose la falda y subiéndose la cremallera. Le quedaba estupendamente. - ¿Cuándo fue la última vez que lo llevaste? – preguntó, tirando sospechosamente de la cinturilla.
Anita ya tenía la tez rosada, pero Pau sospechaba que se estaba ruborizando.
- Es de Donna Karan. Me quedaba un poco justo cuando me lo compré el año pasado en Nueva York, querida, pero, ¿cómo podía resistirme?
- ¿Te lo has puesto alguna vez?
El hecho de que desviara la mirada lo decía todo.
- Entonces vamos a sacarlo del armario.
Se miró reflejada en el espejo. Un poco más corto hubiera sido mejor, pero aún así no estaba nada mal.
- Podrías darle una vuelta a la cinturilla – sugirió Anita, que evidentemente estaba pensando lo mismo - y quedarte con la chaqueta puesta y abrochada.
Pau le dio una vuelta a la cinturilla, se quitó el polo que llevaba puesto y se puso la camisola.
- O taparlo con esto – dijo, alisándola, se puso la chaqueta y se miró al espejo con aprobación - Demasiado bien para una asistente personal.
- No en un ambiente empresarial al más alto nivel - obviamente Anita lo sabía todo sobre esto gracias a Ray -
¿Sería demasiado un collar de perlas?
- Sí, pero probemos para asegurarnos.
Mientras Anita iba a buscar las perlas, ella se puso las medias y los zapatos.
Eran maravillosos. Negros y con los tacones más altos que había llevado jamás, y sólo un poquito demasiado grandes.
- Tengo algunas de esas plantillas de gel en alguna parte - dijo Anita, rebuscando en un cajón. Se las dio y Pau volvió a probarse los zapatos. Perfectos.
- Bien – dijo, estudiando la imagen de conjunto –, creo que doy el pego de todas todas.
Anita le puso las perlas alrededor del cuello.
- ¡No! – exclamaron ambas al unísono.
Pau dedicó otro instante a pasar revista a su aspecto. Sus piernas parecían ahora más largas y matizadas de un color ahumado gracias a las medias transparentes. Al cruzarlas, les iba a mandar a los hombres un poderoso mensaje diciéndoles “soy preciosa, pero no os atreváis a tocarme”.
Jamás se arriesgaría a conducir con los Manolos con tacones kilométricos, pero si se ponía algo distinto y se cambiaba en el aparcamiento sería perfecto, así que cogió un par de sandalias planas.
El espejo le devolvió una imagen recatada y con clase, rica y snob. El escotado borde de la camisola, ribeteado de encaje, podía ser perfectamente una pieza de lencería de Victoria’s Secret . Se abrochó un botón de la chaqueta. Sí, justo un toque de encaje.
- Y un poco de este exquisito “Rojo Sirena” – insistió Anita, y Sammie permaneció inmóvil mientras le aplicaba una generosa capa de brillo de labios escarlata y luego le vaporizaba Ysatis en el escote -. Ya está, andando, nena – dijo, riéndose de la jerga que sin duda había tomado prestada de uno de sus hijos.
Pau enfiló escaleras abajo, se puso las sandalias en el porche delantero y abrió la puerta del coche. Faltaba poco para la una.
Pedro se inclinó hacia adelante, estrechó la mano de sus visitantes y se los presentó a Rich. Podían hacerle ganar un montón de dinero o bien hacerle ahorrar mucho dinero.
Ambas cosas estaban bien.
- Rod... es un placer conocerte por fin. Glen... encantado de volver a verte, amigo.
¿Dónde demonios se habría metido Paula? Dos posibilidades desagradables se le ocurrieron. ¿Se habría estrellado con su coche? ¿O se habría ofendido tanto con su sugerencia de que se vistiera como una secretaria “adecuada” que se había ido para no volver? Maldita sea, si sólo estaba bromeando.
Acompañó a Rod y Glen hasta su despacho, preocupado por lo que habría sido de ella. ¿Sería éste otro desastre más que añadir a los de la trágica enfermedad de la pequeña Erin, la deserción de Julie y el bombazo que había dejado caer el doctor Latimer? ¿Qué más tenía que aguantar un hombre?
- Como vamos a trabajar, he pensado que era mejor la cerveza que el vino – dijo, y los demás se mostraron de acuerdo y abrieron sus maletines. Pedro se giró hacia el frigobar.
Le dio un vuelco el corazón y lentamente volvió a recuperar su ritmo normal.
Paula entró por la puerta como si acabara de salir de un desfile de modas de París: piernas hasta las axilas, escote hasta el ombligo y labios en un mohín rojo como el fuego.
El traje negro era una armadura que llevaba escrito “no tocar”, pero todo lo demás mandaba el mensaje opuesto. ¿Dónde se había metido la chica amante del aire libre en ropa deportiva?
- Buenas tardes, caballeros – murmuró, cogiendo la última silla libre. Cruzó sus infinitamente largas piernas, mostrando un largo y bien torneado muslo, se apoyó el bloc de taquigrafía en la rodilla y chupó el lápiz. –
Cuando quieran, estoy lista – dijo, mirando al círculo de hombres - ¿O prefieren que sirva antes el almuerzo?.
Espero que les guste , nos leemos mañana besoooo
Buenísimos los 2 caps!!!! Me encanta.
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