viernes, 10 de octubre de 2014

CAPÍTULO SEIS — COQUETEOS - ULTIMA PARTE

Pau se apresuró a volver a recepción y adonde estaba el teléfono, que no paraba de sonar. Bueno, la cosa no había ido del todo mal. La preocupaba el hecho de que Pedro pudiera haberse tomado el abrazo de la noche anterior como una invitación a revivir su antigua amistad, pero parecía estar bien, tranquilo, que era más de lo que podía decir de ella misma.

Cada vez que le miraba sentía ganas de hacer algo más que mirarle: quería tocarle, acariciarle, lamerle, chuparle y deleitarse con él. Quería apretujarse contra su alto y hermoso cuerpo y hacer cosas que jamás había pensado hacer con sus anteriores novios. Sus antiguas tentaciones de adolescente no habían estado enterradas demasiado profundamente, en absoluto.

¡Maldición, maldición, maldición! Pedro se estaba apoderando de su mente, apareciendo en los momentos menos apropiados. Tenía que hacer un esfuerzo para concentrarse en el trabajo y en sus futuros planes para viajar.

Por lo menos las consultas sobre la propiedad podrían constituir una distracción. Decidió no perder de vista el tiempo, con la esperanza de que dejara de llover. Llegó Tyler – tarde, pero decidida – y a mediodía

Pau se dio cuenta de que ya controlaba bastante bien la mayoría de las tareas que tenía asignadas en Body Work. Pero oyó el sonido que anunciaba la llegada de otro mensaje de correo.

“Paula.”

¿Es que disfrutaba llamándola así? Guardó lo que estaba haciendo y se apresuró a acudir a su despacho.

- ¿Sí?

Pedro cogió las llaves de su coche y se las tendió.

- Lleva a Tyler a casa y dile que se quede allí. Ya ha hecho lo suficiente, ya no debería estar trabajando.

- Salió de cuentas hace tres días y dice que empieza a sentirse “rara”.

Pedro hizo una mueca compungida con su hermosa boca.

- Por el amor de Dios, llévatela de aquí o acabará teniendo al niño en el suelo si no vamos con cuidado – dijo, haciendo tintinear las llaves al tendérselas.

- Conduce tú, tu coche es dificilísimo de controlar.

- Lo siento, pero estoy esperando una llamada de Sidney.

Pau suspiró, alargó la mano y se encontró con que tenía el llavero encajado encimaP del nudillo del pulgar. Le tendió la mano con gesto imperioso.

Pedro sonrió.

- Vas a tener que volver a quitármelas por la fuerza. Dejó escapar un profundo suspiro y le agarró, secretamente encantada de tener una excusa para tocarle.

Él tiró de las llaves para ponerlas fuera de su alcance, empujó la silla hacia atrás y se giró hasta quedar frente a frente con ella. Volvió a hacerlas tintinear y ella se abalanzó sobre las llaves... y se encontró sentada en su regazo y acunada contra su pecho. Reaccionó como un gato enfurecido frente a un perro mucho más grande que él. Por puro instinto levantó la mano para darle una bofetada, pero él se la agarró y la sostuvo contra su cuello.

- ¡Suéltame, maldita sea! – le espetó forcejeando, sabiendo que tenía bien pocas posibilidades de zafarse de su abrazo. Tensó los dedos contra la cálida piel de él e intentó clavarle las uñas, pero él siguió agarrándole la mano firmemente. Sentía su pulso firme bajo la palma de su mano y su sonrisa divertida la envolvía, peligrosamente cerca.

- ¿Soltarte? – bromeó él - ¿Y por qué debería hacerlo?

- Porque estoy trabajando – respondió retorciéndose ferozmente.

- No, ahora es la hora del almuerzo y el jefe dice que puedes divertirte todo lo que quieras.

- Bueno, pues no quiero – dijo, y volvió a intentar librarse de él, pero se detuvo alarmada cuando se dio cuenta de dónde estaba sentada.

Pedro la rodeaba con sus fuertes brazos y se estaba riendo, sin duda por la expresión horrorizada de su cara.

- ¡Para ya! – insistió, y una repentina oleada de calor y humedad la invadió precisamente allí donde apretaba su polla rampante.

- ¿De verdad piensas que puedo revertir las cosas con tu lindo culito haciéndole tan buena compañía?

- Inténtalo – repuso ella, dedicándole la más dura de las miradas.

- No hay esperanza. ¿Me das un beso? Otra descarga eléctrica recorrió su pícaro cuerpo.

- No.

- Un besito. Debería haberte besado anoche.

- No, de ninguna de las maneras – respondió ella. Le llegaba el olor de él, tan fresco, limpio y sexy. Tenía las llaves apretadas contra el muslo, sonando y tintineando juntas allí donde la gran mano de Nick la mantenía prisionera -, no deberías, no debemos.

- Ahora somos adultos, Pau, podemos hacer lo que queramos.

Ella se retorció en su regazo, intentando liberarse todavía, pero volvió a quedarse quieta al ver que su sonrisa se ensanchaba.

- No, Pedro.

- ¿No, tú no eres una adulta? ¿O no, tú no quieres?

Ella le miró a los ojos risueños.

- No quiero.

Apretó los labios con la esperanza de que dibujaran un rictus de desaprobación.

- Embustera – le susurró él -, preciosa embustera. Tus ojazos y éstos...

Pau jadeó cuando él le tocó un pezón erecto.

- ... me están contando una historia completamente distinta.

La humedad volvió a invadirle la entrepierna. Por favor, Dios, él no puede saber lo que está pasando aquí abajo...

- Bueno, de acuerdo – reconoció -, puede que esté un poco excitada porque noto que tú lo estás, pero no quiero empezar nada.

- No estoy pensando en empezar nada – dijo él, pasándole el pulgar por encima del pezón con movimientos giratorios -, sólo estoy jugando. Siempre había sido divertido jugar contigo.

Pau volvió a quedarse sin aliento cuando Pedro agachó la cabeza y le rozó los labios con los suyos. Una vez. Suavemente. Sabía deliciosamente a café. Le dio un vuelco el corazón.

- Nunca te había besado en el almacén de los aperos – susurró, echándose un poco hacia atrás –, no sé cómo pude contenerme. Me pasé todo aquel último verano con una erección de mil demonios. Eras tan guapa, solemne e inocente...

La besó levemente en la punta de la nariz y volvió a echar la cabeza atrás.

- Ahora eres simplemente guapa y me gustaría mucho jugar un poco más.

¡Y a ella! Soltó un largo y lento suspiro frustrado.

- No – insistió, inclinando la cabeza lo suficiente para mirarle a los ojos y esperando que sonara convincente.

- ¿Por qué no? Dame una buena razón.

- Porque no es más que eso: un juego. Puede que sea suficiente para ti, pero para mí no lo es y el momento no podría ser más inapropiado – dijo Pau, y viendo que Pedro abría sus preciosos labios para protestar, se apresuró a seguir antes de que la interrumpiera -, porque precisamente ahora no busco a nadie, ni en serio ni de otra forma. Quiero terminar este trabajo y marcharme. He estado atrapada durante años y no voy a seguir aplazando mi viaje por más tiempo, ni por ti ni por nadie.

Pedro asintió despacio, como si aceptara su razonamiento, y su pulso acelerado aminoró un poco el ritmo.

Entonces en el fondo de sus oscuros ojos brilló un nuevo desafío.

- Pero sigo diciendo que eres una embustera. Sé cuando una mujer está excitada.

- Ya he reconocido que lo estaba. Un poco. Estoy sentada encima de algo que es cien por cien tentador, si es que eso te hace sentir mejor, pero...

- ¿Pero no piensas hacer nada al respecto?

- Exacto. Bueno, por fin lo has entendido – dijo, intentando levantarse de su regazo, pero él seguía sin aflojar su presa sobre ella.

- Cien por cien tentador, ¿eh? ¿Hay alguna posibilidad de negociar, Pau?

1 comentario:

  1. Qué hermosos los 2 caps!!! Alguna vez me gustaría maratón de muchos caps. Siempre me quedo con ganas de más

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