Para su inmenso alivio, las llaves se soltaron y ella las deslizó de su más que sugerente pulgar.- Ahora mismo voy – dijo, pero se le olvidó preguntarle qué coche tenía antes de salir corriendo. Pedro... sigue dejándome toda acalorada y sofocada.Juró no decirle que le había reconocido. Él no la había reconocido a ella, y así era como tenían que quedar las cosas. ¿Para qué sacar a relucir su embarazoso pasado?Acordándose de la tímida niña que había sido, con sus largas trenzas castañas y sus gafas de búho, pensó que tenía unas posibilidades bastante razonables de mantener el engaño durante un mes.Las trenzas y las gafas habían desaparecido y ahora llevaba mechas rubias y lentes de contacto de color que hacían que sus ojos de color gris verdoso resultaran mucho más verdes. Ya no se parecía en nada a aquel patito feo y torpe de la huerta.Un mes, ni siquiera eso, porque él iba a estar en Sidney una parte del tiempo. Dos semanas, tres como mucho. Definitivamente factible. He conseguido mantener secretos durante mucho más tiempo cuando necesitaba ahorrarle preocupaciones al abuelo. Sacudió las llaves al pasar al lado de Tyler.- Ahora quiere cervezas par acompañar el sushi.- Entonces debe ser la gente de Sidney. Mira si hay suficientes servilletas de papel y yo me aseguraré de que los platos y los vasos estén limpios, aunque no se van a molestar en usar vasos. ¿Qué les pasa a los hombres que siempre beben directamente de la botella? – dijo arrugando la nariz y abriendo uno de los cajones – Si también va a haber cerveza, el dinero en metálico no va a alcanzar. Te voy a dar la tarjeta de crédito de la empresa.- Lo normal sería que les llevara a almorzar a unrestaurante.- No si quieren trabajar.Paula captó algo en su expresión.- ¿Qué pasa?La sonrisa de Tyler se ensanchó.- ¿Te gustaría tener otro sitio donde vivir durantequince días?- ¿En qué sitio estás pensando?- En el piso de mi hermana. Necesita a alguien que le dé de comer al gato y le riegue las plantasmientras está en Hawai. Iba a hacerlo yo, pero... – dijo, mirándose la abultada barriga – podría llegar el bebé y ponérmelo difícil. Desde luego, mi Cam lo haría por ella, pero sería más seguro tener a alguien que viviera allí, que encendiera y apagara las luces, subiera y bajara las persianas, recogiera el correo...- ¿Alguien que cuidara de la casa?- Exacto. ¿Estarías dispuesta a hacerlo?- ¿Ella aceptaría?- Estaría encantada. Acabo de llamarla parasugerírselo.Paula dio un saltito de alegría hacia un lado, lanzó las llaves al aire y las volvió a recoger.- ¡Sí, y tanto!Pedro estaba sentado, inmóvil por una vez, con la mirada perdida, pasando revista a lo que acababa de pasar hacía un momento. Su nueva asistente personal era atractiva, tenía mal genio y él no le caíabien. Tal vez jugar con su actitud sería lo bastante divertido como para ayudarle a distraer su mente de todo lo demás.Tenía unas tetas estupendas, un trasero respingón que pedía a gritos unos azotes y un temperamento quisquilloso que apenas lograba controlar. Le había quitado las llaves del pulgar como si fuera una niñera mandona y él un niño al que había que poner en su lugar. Le gustaría que ese lugar fuera el valle húmedo y caliente de su entrepierna enfundada en sus vaqueros.Su polla cabeceó como mostrándose de acuerdo. Sí, un cuerpo atractivo, una mente aguda y un carácter áspero. Se recostó en el sillón tapizado de cuero, dejándose llevar por la fantasía durante unos minutos para apartar su mente de asuntos más serios. Tal vez tenerla a ella cerca fuera la distracción que necesitaba, porque ahora se sentía profundamente herido, furioso y confuso.Durante treinta años le habían hecho vivir una mentira, y si no se hubiera mostrado tan deseoso de donar sangre, médula, cualquier cosa, para ayudar a la hijita de su hermano a luchar contra el cáncer, quizá no lo hubiera descubierto jamás.Cuando el anciano doctor Latimer le dijo que probablemente él no sería un donante compatible debido a la adopción, el corazón se le desbocó y la bilis le subió hasta la garganta.¿Adopción? Erin no era adoptada. Él había visto cómo iba creciendo el vientre de Hanna, había bromeado con el aliviado y orgulloso Hal tras el nacimiento del bebé.- Erin no es adoptada – había dicho bruscamente. Y el doctor Latimer se dio cuenta del enorme bombazo que acababa de soltar, balbuceó sorprendido durante unos instantes y luego tuvo la suficiente sensatez como para saber que era imposible dar marcha atrás. Extendió la mano, cogió a Pedro del brazo y con voz muy pausada le dijo:- Pero tú sí que lo eres, Pedro. Dios mío, ¿no te lohabían dicho nunca? ¿nunca lo sospechaste? Siento muchísimo haberte hecho esto. Tienes que hablar con tuspadres.O sea que no era el tío de Erin, ni el hermano de Hal y Tony Alfonso, ni el hijo de Gaynor y Brian Alfonso. ¿Adoptado? ¿Por qué coño no se lo habían dicho? Sus emociones se desencadenaron, pasando de la sorpresa a la incomprensión y a la fría, gélida negación, y luego al alivio avergonzado por no formar parte realmente del poco honrado clan alfonso, para desembocar por fin en la ardiente ira que le provocaba el que le hubieran engañado durante tanto tiempo. ¿Es que no le habían considerado lo suficientemente importante como para darle a conocer su verdadero origen?¿Hablar con sus “padres”? ¡Menuda broma! Precisamente en estos momentos no quería tener nada que ver con ellos... incluso había incluido una nota en la hoja de las tareas de su nueva asistente personal en la que decía que no aceptara llamadas de ellos. Tampoco es que fuera probable que le contactaran, raramente lo hacían.El viernes pasado por la tarde le habían destrozado. Se había pasado la mitad del fin de semana buscando ayuda en Internet y había encontrado yofuiadoptado.com y llegó tan lejos como pudo allí, pero tenía que haber alguien que le estuviera buscando antes de poder ponerse en contacto con ellos. Y lo mismo pasaba con la gente de Jigsaw.Nadie buscaba a PedroAlfonso. Nadie echaba de menos a su hijo lo bastante como para intentar restablecer el contacto. Justo cuando las cosas le estaban yendo bien – la expansión de su imperio de gimnasios, la reforma de la vieja casona de la playa -, la vida le había fulminado con otro rayo. Paula corría por el callejón blandiendo las llaves. Seguro que si pulsaba el mando a distancia algo seiluminaría e identificaría el coche, ¿no? Estudió la fila de vehículos aparcados y supo de inmediato que tenía que ser el Ferrari negro y bajito.“Hola, cariño”, el bonito coche antiguo respondió en un susurro. Paula apretó los dientes. ¿Y lo difícil que iba a resultar conducir esto después de su cochecito, tan fácil de manejar?Descubrió que casi no tenía que tocar el acelerador y que necesitaba mano firme, pero consiguió llegar a la tienda de licores sin incidentes. Con las cervezas a bordo, recogió el correo y la comida y lo llevó todo a Body Work. Al llegar se encontró a Pedro apoyado en el mostrador de recepción con los pantalones tirantes sobre el mejor trasero que había visto en su vida y unas largas piernas que mostraban indicios de los fuertes músculos que los pantalones cortos habían exhibido por la mañana.
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