domingo, 21 de diciembre de 2014

EPÍLOGO

- “Via della Repubblica,” leyó Pau en el rótulo de la calle.

- Así que ya lo hemos encontrado – dijo Pedro, en un tono a medio camino entre la expectativa y el terror.

Había elegido un atuendo que esperaba le diera un aspecto impresionante pero informal, próspero pero despreocupado a la vez. Después de todo, esperaba encontrarse con la madre que antes no le había reconocido. Sólo tenía una oportunidad para causar una buena primera impresión, ¿no?

- Y también vamos a encontrarla a ella – le aseguró Pau  -. Aunque hoy no esté en casa, alguno de los
vecinos sabrá algo de ella. O el párroco, o alguna otra persona.

- Número sesenta y tres – dijo Pedro, mirando a la empinada y bonita cuesta -, hacia el final.

Fueron subiendo los bajos peldaños cogidos de la mano, pasando por delante de casas centenarias, hasta que llegaron a la última. Estaba pegada a la calle: un edificio de piedra de dos plantas con un portal de color malva grisáceo. Macetas cubiertas de musgo repletas de pensamientos amarillos y púrpura y lobelia trepadora azul oscuro se agolpaban dándoles la bienvenida, y un arbusto podado de una forma caprichosa se alzaba ligeramente al margen del resto.

- Vamos allá – dijo Pedro apretando los labios y levantando la mano para llamar a la puerta con la aldaba de hierro. Pau le apretó los dedos con más fuerza todavía.

Dio dos golpes de aldaba y el eco resonó por toda la casa. Los latidos de su corazón sonaron casi igual de fuerte. Unos segundos más tarde se abrió la puerta y una mujer de pelo oscuro con un vestido gris claro y unos pendientes de perlas en forma de gota se les quedó mirando inquisitivamente. Luego su calma se vino abajo.

- ¿Pedro? - preguntó sin aliento, agarrándose el cuerpo del vestido y apretándolo contra su corazón.

- Y Pau – dijo Pedro, preguntándose qué debía hacer a continuación.

Los grandes ojos de Silvia se movían rápidamente de Pedro a Pau y de Pau a Pedro. Habían pasado al menos quince años desde la última vez que la había visto. La tranquila y monótona mujer a la que recordaba de su niñez había adquirido refinamiento y estilo. ¿De verdad era ella? Pau se acercó más.

- Te he traído a tu hijo para presentártelo.

- Niccolò – repitió Silvia, apoyándose en el marco de la puerta para no caerse -, nunca pensé... entrate, entrate, entrad.

Tenía un fuerte acento, pero hablaba bien el inglés, después de tantos años en la huerta. Extendió una agraciada mano de piel aceitunada con las uñas pintadas de rojo oscuro y la apoyó en el brazo de Pedro para acompañarle al interior de la casa.

- Nunca creí, ni esperé, que volvería a verte – dijo con las lágrimas rodándole por las mejillas – Hola, Pau... Me has traído a mi chico. Grazie, grazie.” Volvió a clavar los ojos en los de él.

- Qué guapo eres. Una madre puede decirlo, ¿verdad? - Y le cogió del brazo. Pedro se encogió de hombros y sonrió complacido, asustado, emocionado, perdido y encontrado.

- Y qué hermosa eres tú. ¿Un hijo puede decir esto a su vez?

- Pedro... – Silvia murmuró su nombre y tiró de él por un oscuro pasillo que conducía a una soleada estancia llena de libros y plantas.

Pedro tomó aire rápidamente y de golpe se quedó mudo. Había esperado que la tímida asistenta de la tía Felicity tuviera mucho más de sesenta años. No recordaba muchos detalles de ella, pese a las pocas fotos que

Pau le había dado. Ahora, en esta sala más iluminada, vio que era mucho más joven. Debió quedarse
embarazada de él cuando era casi una niña. Pau rompió el silencio.

- No sabíamos si íbamos a encontrarte hoy, pero había una postal con tu dirección en uno de los diarios de la abuela.

- Ella siempre escribir, escribir – asintió Silvia -. Sentar. ¿Os hago un café? Pero en cambio se dejó caer en el sofá conPedro, sin soltarle el brazo y comiéndoselo con sus grandes y dulces ojos.

- Supongo que te hemos sorprendido – dijo él al fin.

- Pero ha sido una buena sorpresa, una sorpresa agradable. Ah, Pedro, he esperado este día durante mucho tiempo. Nunca creí que llegaría.

- No supe que era adoptado hasta hace pocas semanas. Nadie me lo dijo. Nunca supe que tú eras mi madre hasta que Pau hizo de detective.

- Un secreto antiguo, muy antiguo – asintió ella – Deseo... quiero... decirte por qué. Quedarme el bebé non era possibile.

Más lágrimas rodaron por sus suaves mejillas y escondió la cara entre las manos. Sus hombros se
estremecían mientras sollozaba. Pau acudió en su ayuda, sacando del bolso un paquetito de pañuelos de papel y poniéndoselo a Silvia en el regazo.

- Todo eso es cosa del pasado – la tranquilizó – y tú debías ser muy joven entonces.

- Veintidós años – murmuró Silvia -. Studenti : Dante y yo.

Se secó los ojos y suspiró profundamente. Entonces se levantó y fue andando hacia una antigua librería en la que había una colección de fotos con marcos de plata. Las acarició con los dedos y se detuvo. Le trajo una de un hombre joven sentado a horcajadas en una moto, con la cabeza hacia atrás, riéndose.

- Éste es tu papá, Dante Pedro Giordano. Tú te llamas Pedro Dante en recuerdo suyo.

Pedro parpadeó varias veces para poder enfocar la imagen de aquel hombre que tanto se parecía a él.
Tragó saliva con fuerza. Pasaron unos segundos en silencio.

- ¿Recuerdo? – preguntó con voz ronca.

- Sí. Amaba esa máquina, pero un día esa máquina dejó de amarle a él – dijo, encogiéndose de hombros y acariciando el rostro de Pedro, secándole unas lágrimas que él ni siquiera se había dado cuenta de que estaban ahí

-. No estés triste, eso fue hace mucho tiempo. Nick cogió la foto de manos de su madre con dedos temblorosos y se quedó mirándola. Su mismo pelo ondulado. Sus mismas piernas largas aguantando la motocicleta.

Su misma sonrisa. Pau había vuelto a sentarse, y mientras él se perdía a sí mismo mirando la imagen del padre al que nunca conocería, oyó vagamente a Pau hablar quedamente con Silvia sobre un libro que había encima de la mesa baja de mármol, un precioso libro grande lleno de pinturas botánicas. Finalmente, Pedro levantó la vista de la foto de su padre.

Pau parecía saber que no era el momento de entrometerse.

- Mira, Pedro, tu madre es pintora. Aliviado, Pedro se inclinó para mirar su obra y vio el arte de la pequeña acuarela de la mariposa que Pau le había regalado, pero multiplicado por mil.

- ¿Son todas tuyas? – preguntó con voz ahogada.

- Sí, es a esto a lo que me dedico.

- ¿Así que tengo una madre famosa? Silvia le dedicó un sonrisa temblorosa e hizo un ademán con la mano como diciendo “puede que sí, puede que no”.

- Desde luego, es una madre muy inteligente – dijo Pau.

- Lo hago mejor ahora que cuando pintaba con tu abuela – reconoció -. Me diplomé para poder quedarme en Nueva Zelanda, ayudarla, aprender a pintar y ver a mi hijo.

En algún lugar en lo más profundo de su ser, Pedro sentía que los muros de acero empezaban a desmoronarse y que la desesperada coraza que había atenazado su corazón empezaba a relajarse. ¿O sea que realmente no le habían abandonado? Su madre había velado por él lo mejor que había podido, sin caer jamás en la indudablemente terrible tentación de revelarle quién era realmente y desbaratar su vida. ¿Cuánta fuerza debió necesitar para eso? Le pasó la foto con el marco de plata a Pau.

Ella la miró atentamente por espacio de unos instantes y le sonrió al volver a dejarla al lado del libro de su madre.

- Te pareces mucho a tu padre, Pedro. Éste podrías ser tú. Ahora, por una especie de milagro, has resuelto dos misterios... y has encontrado a tu padre y a tu madre: es más de lo que esperábamos.

Algo en el tono de Pau debió poner en marcha el radar maternal de Silvia, porque en sus ojos brilló una interrogante y sus labios esbozaron una sonrisa pícara. Había detectado algo más fuerte que la amistad entre él y su amiga de la infancia.

- ¿Tú y mi pequeña Pau? – bromeó, paseando la mirada del uno al otro.

- Pau y yo... y ahora tú, contra el mundo entero – asintió él, extendiendo los brazos por encima de la mesa para coger las manos de sus dos mujeres.


Fin


y termino la nove, :´) , GRACIAS a todas las personas que se tomaron un tiempo para leer cada vez que subia un cap muchas gracias en serio , en enero vuelvo con una nove nueva con una amiga , gracias otra vez, gracias a la genia de flor ( @florverriJS ) que me ayudo , y con ella hare la otra nove <3

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